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Hiperacusia

"Histérico" o "con una audición demasiado buena" son las ideas erróneas más comunes acerca de un paciente con hiperacusia.

Hiperacusia

Los ladridos de los perros, las risas, los timbres de teléfonos, el agua corriente de un grifo o las ruidosas aspiradoras son sonidos diarios comunes. No son muy altos y, por supuesto, no dañinos. Al menos no para el oído normal.

Pero para los pacientes con hiperacusia, estos sonidos diarios pueden causar dolor, frustración e, incluso, terror. Se ha observado a niños alejándose de sonidos específicos, angustiosos para ellos - pero inofensivos para el resto.

Una falta de compresión es otro problema para las personas que tienen este problema. Con frecuencia, se les acusa de ser hipersensibles, incluso histéricos. "Oyes demasiado bien", es una idea errónea muy común.

En un estudio publicado en la revista International Journal of Audiology, 2002, no. 8, se entrevistaron a más de 1.000 personas acerca de sus experiencias con los sonidos. Los investigadores descubrieron que el 6, 8 por ciento sufría hiperacusia, y se asociaba con tensión y dificultades para concentrarse.

Sin embargo, las personas con hiperacusia poseen una audición perfectamente normal. No pueden oír "mejor que nadie", sino que se reduce su tolerancia a sonidos específicos y niveles de sonido que no se suelen considerar altos. Para algunos pacientes, el problema surge con niveles de sonido tan bajos como 25 dB - imposibilitando el diagnóstico adecuado con los equipos normales para pruebas acústicas de las clínicas, ya que dichos equipos funcionan con niveles de sonidos mucho más elevados - 80 dB o superior.

Los expertos en este problema de audición poco común aconsejan a las familias y médicos mostrar en primer lugar comprensión. El hecho de ser víctima de "tortura acústica" ya es un problema, pero la falta de comprensión y empatía de la familia y los médicos sólo empeora la situación.

La hiperacusia puede ser un problema especialmente difícil para los niños ya que puede ser duro para ellos hacer entender a los adultos que el hecho de taparse los oídos y correr fuera de la clase no es sólo "ser travieso", sino que es por motivo de un sonido.

Los médicos se atreven a señalar que la cura no es el silencio ni los tapones. Al contrario, el ruido demasiado bajo puede empeorar el problema, haciendo que gradualmente el paciente no pueda llevar una vida normal. En su lugar, las personas que sufren una tolerancia reducida a los sonidos deben rodearse de sonidos agradables de bajo nivel en todo momento. Es posible utilizar radios con un volumen bajo o incluso un generador de ruido para una estimulación constante para ayudar al cerebro a readaptarse a los sonidos diarios normales.

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